Abuso de lírica
Febrero 19, 2009
Cogí la gota de sudor
Caída por tus caderas
Desafiando todo sentido
Destruyendo mi último mito.
Profanabas entonces
Mis obsesiones mentales
Por suerte, ya no tan reales.
Si te recuerdo, broma que padezco,
Sabes que es uno de mis rituales
El favorito de mis lugares
Agradezco, ya no tan casuales.
Y es favorito péndulo exquisito
Este recuerdo, imaginario sutil…
Incluso, a veces, padezco sensaciones…
En ocasiones, sentimientos compartidos.
Pero ya no es hora de explicarte
Que no es extraño procurar
Situarte en tesituras comprometidas.
Contradecir palabra y acto
Mostrarme estupefacto
Por querer pertenecer
A tu liturgia, por tantos, compartida.
Y tampoco lo es
Mostrarte mis intenciones
De sobras consabidas
Por ambos espacios mentales.
-Huecos que te desafío
A llenar en conjunto-
También Desafiarte
A no tener miedo a perder el miedo
Y de cualquier forma ocultarte
Que esta noche
No llevo el estandarte de los te quieros.
Y a pesar del abuso de ingenio
Tratar de camuflarte
Que estoy perdiendo la lírica.
Este
Abuso
De lírica…
San Juan
Julio 5, 2008
…Pasó por los caminos tantas veces antes recorridos por sus padres, por los cientos de kilómetros de desiertos con arbustos y solo arbustos al infinito. Miró por la ventana izquierda, a metro y medio de sus ojos y vio la cordillera a lo lejos, tan manchada de nieve. Se detuvo en eso un instante. Mordió el alfajor que le había dado Federico, del servicio del colectivo. Él ignoraba su nombre. Volteó otra vez a la derecha, a esa vasta naturaleza casi estéril que agrietaba el suelo.
El colectivo pasó cerca de lo que parecía un pueblecito diminuto. Primero vio la cuadra y los caballos, el negro le llamó la atención. 2 segundos más tarde, vio la casa de adobe y a su, aparentemente, único habitante. Era bajo, mestizo de mestizos que se habían mestizado en un tiempo ya remoto, pensó. A pesar del invierno, conservaba el moreno de su tez. Imaginó que el oficio que desarrollaba aquel señor de gorra azul, camiseta de promoción de coca cola y jeans gastados, le hacía estar moreno todo el año. No alcanzó a ver el calzado, o prefirió no verlo. Probablemente trabajara en el campo, con los caballos. Sintió que aquel señor clavaba la mirada en sus ojos, pero Juan, el protagonista de esa fotografía, solo miraba al colectivo, que le distraía de su trabajo, no le marcó esa imagen. También ignoraba su nombre. La imagen desapareció de su vista. Culpó de eso a los 70km/h del colectivo.
Los dos segundos de esa fotografía en la retina, le bastaron para descomponer los detalles de esa vida, tan distinta a la suya, a pesar de sentirla tan cercana. La nostalgia de un tiempo que no tuvo, en el lugar de sus ancestros, tomó forma de lágrima, o sudor. Se le congeló en la mejilla. No supo distinguir que era.
Ese tipo de fotografías, de imágenes, era lo que le hacía volver una y otra vez, más allá de la excusa familiar o de amores imposibles. Volvía a la perspectiva, a recuperar el sur, más allá del norte…
