Y,
súbitamente ,
un fruto de mi imaginación
me dijo
que la palabra extraviada
era como la formación del color;
para formar el rojo
se necesitan todos los colores
menos el rojo.
Así, a rebote de luz,
pude verla,
la palabra extraviada,
coloreada por todas las palabras
que la rodean,
la secundan
y la envuelven.
Para que pudieras verla
y creerla
necesitaba todas las otras,
para afirmar este paradigma
necesitaba a todos los demás.
Quiero decir
que para que pudieras reconocerla
tenía que ir a las fuentes de luz,
al arrecife,
tenía que envolverte entera
de letras
para que todos los fuegos fueran el fuego
y todos los colores el color,
todos los hombres debían convertirme
en el hombre
y todas las mujeres
debían crearte
a ti.
Solo así,
todo el conjunto
de tus palabras
escribirían
mi palabra